Los 4 estilos de apego: ¿qué son y cómo nos afectan?

Si tienes Facebook o Instagram seguro que te has tropezado con el tema psicológico de moda: los estilos de apego. Multitud de publicaciones hablan de los cuatro estilos de apego existentes y de cómo éstos influyen en la forma de relacionarnos en pareja.

En este artículo te explicamos qué es el apego, cómo se establece y cuales son sus distintos tipos.


¿Qué es el apego?

El comportamiento de apego es todo aquel que permite que una persona consiga o mantenga proximidad con otra. El sistema de apego es el motor de la búsqueda de proximidad del niño hacia sus padres o cuidadores y tiene un papel esencial en su capacidad posterior para mantener vínculos afectivos.

De niñas aprendemos a usar el vínculo con nuestro cuidador como una predicción de la conducta que vamos a encontrar en las demás personas. Es decir, los datos de esta relación, que memorizamos siendo bebés, marcan las conductas y las expectativas que vamos a tener en nuestras futuras relaciones amorosas, amistosas, familiares, laborales…

La relación con nuestros cuidadores principales y la forma en la que éstos respondan a nuestras necesidades determinarán si desarrollamos un estilo de apego inseguro (de entre los que encontramos los apegos evitativo, ansioso y desorganizado) o bien un estilo de apego seguro.

 

– La teoría de Bowlby –

El psiquiatra y psicoanalista británico John Bowlby estudió casos de niños con problemas emocionales y planteó que el apego responde a una función básica de supervivencia. La vulnerabilidad del bebé hace necesario el establecimiento de un vínculo fuerte con su cuidador, por lo que la relación íntima y continuada con éste es sustancial para su salud mental.

 La relación madre-hijo es tan vital para el desarrollo general del bebé como lo son las vitaminas o las proteínas para el desarrollo físico. Bowlby

– El experimento «la situación extraña» –

Mary Ainsworth, colaboradora de John Bowlby, realizó una investigación llamada “la situación extraña” en la que se exploraba la conducta de bebés ante diferentes situaciones. En una sala con juguetes en la que estaban la madre y el niño, se observaba la reacción de éste cuando la madre estaba presente, cuando salía de ella y cuando volvía, así como su comportamiento ante la presencia de una persona desconocida.

Las diferentes reacciones de los bebés fueron estudiadas y clasificadas por los investigadores, determinando tres tipologías distintas de apego (que posteriormente se ampliaron a cuatro).


Los cuatro estilos de apego

 

Los padres o cuidadores tienen un papel fundamental en la constitución de los apegos seguros o inseguros, tal y como demuestran estudios con gemelos y otros estudios experimentales. Que desarrollemos uno u otro estilo de apego, entonces, viene determinado por las interacciones sociales que experimentamos en nuestros primeros años de vida.

La calidad de la crianza (la disponibilidad y trato que el cuidador ofrece al bebé), es uno de los puntos esenciales en el desarrollo de un estilo de apego u otro.

1. Apego inseguro

1. Apego evitativo

Los niños con apego evitativo muestran reacciones negativas cuando se quedan solos y no cuando la madre sale de la habitación, momento en el que se concentran en el juego. Tampoco muestran necesidad de proximidad al regreso de la figura de apego.

Las madres o cuidadores principales suelen ignorar las demandas del bebé e incluso mostrar actitudes de rechazo. A partir de esto, el niño desarrolla una cierta autosuficiencia al aprender que la madre no está disponible para cubrir sus necesidades. El rechazo sufrido también genera indiferencia y evitación hacia la madre como reacción defensiva.

2. Apego ansioso 

Los niños con este estilo de apego están en contacto tan cercano con la madre que casi no exploran el ambiente. Muestran señales de enfado y angustia cuando la madre sale de la sala y también cuando ésta regresa, y se encuentran ansiosos incluso en compañía de la madre.

Las investigaciones demuestran que en este grupo se observa la mayor presencia de emociones negativas y el mayor malestar en episodios dirigidos a generar emociones positivas, respondiendo con miedo a cualquier estímulo presentado.

En esta tipo de apego la actitud de los cuidadores es incongruente e inestable, mostrándose a veces muy atentas y otras ignorando o rechazando el contacto del niño, por lo que éste no puede predecir la respuesta y desarrolla ansiedad e inseguridad. 

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3. Apego desorganizado

Los niños con apego desorganizado muestran comportamientos contradictorios e inestables hacia sus madres, mostrándose fríos y distantes. Los niños con este apego pueden correr hacia la madre cuando vuelve a la habitación pero no la miran. Parecen tranquilizarse al principio, pero posteriormente lloran enfadados. Probablemente éste sea el apego más inseguro de todos.

Este tipo de apego es frecuente en niños maltratados y al parecer es el que tiene peores efectos en el futuro. Se desarrolla principalmente mediante dos vías, el maltrato en la familia y / o la transmisión de la emoción de miedo por parte de los cuidadores hacia el niño.

 2. Apego seguro

En el apego seguro, las madres o cuidadores se muestran sensibles y disponibles a las necesidades del niño, respondiendo de manera rápida y positiva a sus necesidades de atención, afecto o de cualquier otro tipo. Las principales cualidades del cuidador en el desarrollo del apego seguro son la capacidad de interactuar con el niño, animarlo, apaciguarlo y modificar las propias conductas en respuesta a las señales que los bebés van mostrando.

El apego seguro se asocia a una buena capacidad afectiva y social futura al mostrarse un equilibrio entre la búsqueda de seguridad (la cercanía de la madre o persona cuidadora) y la exploración del entorno (jugar, alejarse, etc…).

 

Las personas con este tipo de apego presentan bajos niveles de ansiedad y evitación, sienten comodidad con la cercanía de los demás, la interdependencia y tienen capacidad para una buena gestión del estrés. Numerosos estudios demuestran que los niños con apego seguro presentan menores niveles de ansiedad y depresión en comparación a los de estilos inseguros. También se relaciona con una buena autoestima, autoconfianza y capacidad para establecer relaciones satisfactorias, siendo más sociales que las personas con apego inseguro

El establecimiento de un estilo de apego seguro en la infancia se define en las investigaciones como un claro predictor de mejores relaciones sociales y de pareja, mejor gestión de las emociones, mayores habilidades sociales, más satisfacción con la propia vida personal y laboral y un factor de protección frente a trastornos psicológicos en la vida adulta.


Estilos de apego y autoconocimiento

A nivel individual, el conocimiento del propio estilo de apego puede ser una potente herramienta al servicio de la autoconciencia.

Comprender el origen de algunas conductas, patrones de relación y reactividades emocionales propias, proporciona una base para el trabajo psicológico y la mejora individual. Por otro lado, su conocimiento también puede ayudar a evitar la tendencia a repetir patrones educacionales heredados y proporcionar una mejor atención a los propios hijos.

— En el próximo artículo hablaremos de la relación del estilo de apego infantil con las relaciones de pareja en la etapa adulta. — 



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