El lado oscuro de la empatía

En otros artículos (cuyos enlaces encontrarás a lo largo de este escrito), hemos comentado los distintos tipos y características de la empatía. Hoy queremos hablar de su lado oscuro, un aspecto menos conocido del comportamiento empático: la empatía negativa. Se ha demostrado que la conexión con los sentimientos, pensamientos y decisiones de los demás resulta esencial en la creación de vínculos, la interacción social, la activación de conductas de ayuda y el manejo de las propias emociones.

La empatía es la actitud de adoptar la perspectiva de otra persona para experimentar sus emociones (empatía afectiva), entenderlas (empatía cognitiva) y comprender sus motivaciones y acciones. Aunque todos tenemos la capacidad de empatizar, ésta se forma a partir de la educación recibida, nuestra historia vital y algunas de nuestras características personales, como por ejemplo si somos más o menos emocionales. La capacidad de empatizar puede también incrementarse a partir de un trabajo interno.

 

PROS DE LA EMPATÍACONTRAS DE LA EMPATÍA
– evita conductas agresivas– puede ser perjudicial para quien la siente o recibe la ayuda
– promueve actitudes de ayuda desinteresada– puede provocar sobrecarga emocional
– fomenta la cooperación con otros– puede favorecer la manipulación de otros
– mejora las actitudes hacia grupos estigmatizados– sólo se siente hacia determinadas personas (empatía selectiva) y no hacia todo el mundo
– facilita el entendimiento de las propias emociones y las de los demás– puede producir favoritismos, injusticia o indiferencia hacia el bien común
– disminuye el juicio hacia comportamientos ajenos

EMPATÍA PARA MANIPULAR

Normalmente asociamos la empatía con conductas positivas, altruistas y sensibles con los demás. No obstante, también puede usarse para hacer daño y obtener beneficios personales.

Si bien la empatía inhibe la conducta agresiva cuando conectamos con el sufrimiento que podemos causar en el otro, también se usa de manera interesada para despertar alguna emoción en los demás y lograr que se comporten de una determinada forma. Un ejemplo sería victimizarnos con el objetivo de generar compasión, evitar que el otro realice comportamientos que no deseamos, obtener ayuda, etc…

Existen numerosos estudios sobre el bullying y su relación con la empatía afectiva (ser capaz de experimentar lo que otros sienten o reaccionar a esas emociones como si fueran propias) y la cognitiva (comprender los sentimientos ajenos). De ellos se desprende que las personas con conductas agresivas con frecuencia tienen un déficit en su capacidad empática afectiva pero no en la cognitiva, o sea, que son perfectamente capaces de entender los sentimientos que sus actos provocan en los demás.

Estos estudios encontraron una preocupante relación entre empatía cognitiva y conductas de acoso en los cabecillas de los grupos que ejercen bulliyng. Éstos puntuaban más alto en empatía cognitiva que la media, por lo que esta capacidad podía resultarles una ventaja tanto para reclutar seguidores a través de la manipulación, como para ejercer conductas agresivas más eficaces y elaboradas.

 

El lado oscuro de la empatía

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EMPATÍA NEGATIVA

La empatía puede suponer a veces un gran coste para la persona que la siente; un ejemplo extremo sería arriesgar la propia vida por ayudar a otros. Ver sufrir a otras personas también puede producir una gran sobrecarga emocional que puede llevar a una reacción de insensibilización. Sería el caso, por ejemplo, de tener seres queridos con un alto nivel de sufrimiento o de profesionales que se dedican a cuidados de personas muy enfermas o dependientes.

Por otro lado, una persona que recibe ayuda desde un acto empático puede sentirse invadida, humillada o desmotivada si la ayuda es invasiva, innecesaria o no solicitada. La autoestima puede verse perjudicada si ésta ve que los demás la perciben como alguien dependiente, sin recursos o incapaz de solucionar sus problemas.

El comportamiento empático no es totalmente indiscriminado sino que se dirige a determinadas personas o grupos que nos resultan familiares, cercanas o que consideramos semejantes. Este hecho puede llegar a perjudicar a otras personas o derivar en conductas injustas.

 

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Todos estos efectos menos positivos de la empatía nos pueden ayudar a revisar nuestras conductas empáticas y detectar si en alguna ocasión la ejercemos con una intención manipulativa, si deriva en alguna injusticia, actitud invasiva o nos sobrecarga emocionalmente. En cualquier caso se puede realizar un trabajo interno para ajustarla a parámetros saludables para una misma y para las demás.

¿Conocías la existencia de la empatía negativa? Si crees que trabajar en tu empatía te puede beneficiar, solicita una primera entrevista gratuita a través de nuestro formulario en el apartado «contacto»

*Foto portada  de Annie Spratt



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