Felicidad y placer: ¿los estás confundiendo?

¿Felicidad y placer: los estás confundiendo?

Vivimos en una sociedad claramente orientada al hedonismo. La búsqueda del placer por sí mismo o como una forma de huir del dolor, se centra en la gratificación inmediata a través de comida, bebida, sexo, compras, juegos, drogas, dinero, pantallas…

Los medios de comunicación, las redes sociales, la publicidad y algunas personas consideradas referentes sociales, impulsan esta constante búsqueda de placer fácil y rápido. El resultado de todo esto es una profunda confusión entre felicidad y placer. 

 


DOPAMINA Y SEROTONINA


Han conseguido que creamos que placer y felicidad son lo mismo, aunque la distinción definitiva entre ambas se da a un nivel tan indiscutible como es el químico. Los dos neurotrasmisores encargados respectivamente de la felicidad y placer son la dopamina y la serotonina, y ambos tienen características y efectos muy distintos:

PLACER – DOPAMINA

FELICIDAD / BIENESTAR – SEROTONINA

– corto plazo – largo plazo
– adictivo – no adictiva
– externo, corporal (sensación física) – estado interno, emocional
– busca recibir (experiencia individual) – predispone a compartir
– genera insatisfacción (necesito más) – genera satisfacción (es suficiente)
– excitación, activación, éxtasis – tranquilidad, alegría, relajación, bienestar
– se puede conseguir con sustancias – no se puede conseguir con sustancias
– destruye neuronas – no destruye neuronas

— DOPAMINA–

Es el neurotrasmisor responsable de la sensación de placer. Su función es excitatoria, es decir, cuando una neurona recibe dopamina, se estimula. Pero cuando la estimulación es continua o excesiva, las neuronas acaban muriendo. En un intento de evitar ese daño, las mismas neuronas activan un mecanismo de protección: reducen el número de sus receptores expuestos a esa estimulación.

La misma cantidad de dopamina que antes producía mucho placer, ahora produce menos porque hay menos receptores disponibles, por lo que habrá que incrementar las dosis. Este fenómeno se llama tolerancia, y es el responsable de que cada vez se necesite más estímulo (alcohol, azúcar, juego, pantalla, etc…) para conseguir la misma cantidad de placer. El resultado de este proceso es la adicción y la destrucción de neuronas.

Cada vez necesitamos más alcohol para deshinibirnos o relajarnos, más café para activarnos, más galletas para sentirnos satisfechos, más compras, más rato en Instagram… Las pantallas (juegos de ordenador, redes sociales, aplicaciones, etc…) según numerosos estudios también son productoras de dopamina y por tanto, responsables de las recién descubiertas adicciones a las nuevas tecnologías.

El enamoramiento es otro proceso que también actúa liberando dopamina. Algunas rupturas amorosas son tan dolorosas porque son casi literalmente «procesos de desintoxicación» (aunque éste sería tema para otro artículo).

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— SEROTONINA —

La serotonina es el neurotrasmisor encargado de las sensaciones de bienestar y felicidad, se le conoce como el «antidepresivo natural». Su diferencia más importante respecto a la dopamina es que es inhibitorio: en vez de estimular las neuronas, las «desacelera», activando el proceso de sentir felicidad. Por eso la serotonina contribuye a la sensación de buen humor, tranquilidad y relajación, y es clave en la regulación de aspectos tan importantes como el apetito, el sueño, el dolor y la agresividad.

En el cuadro de más arriba se pueden apreciar las diferencias entre ambos neurotrasmisores y las sensaciones que producen. Así como la dopamina se centra en el recibir (aunque sea en compañía de otras personas, es una experiencia física y por lo tanto, individual), la serotonina provoca sentimientos de proximidad y unidad con los demás o con el mundo. La felicidad se puede compartir y de hecho, ella misma induce a conductas de acercamiento a otras personas.

El problema es que la serotonina tiene un gran enemigo, otro químico que la elimina y hace que disminuya drásticamente sus efectos en el cerebro. ¿Adivinas cúal es…? Sí, es la dopamina.

 


PLACER VERSUS FELICIDAD


Cuanto más placer buscamos, menos felicidad sentimos. Cuanta más dopamina producimos, más desciende la serotonina. Hemos visto antes cómo la búsqueda excesiva de placer daña el sistema de motivación y recompensa del cerebro. La mayoría de las veces esta búsqueda (no necesariamente al nivel de una adicción), responde a problemas que residen en planos psicológicos más profundos. La solución, entonces, pasa por revisarnos a nivel interno y trabajar en lo que estamos intentando anestesiar a base de vinos, likes, series o ligues.

Cuanto más placer buscamos, menos felicidad sentimos

En el caso de las adicciones, sabemos que empiezan como resultado de un dolor emocional profundo que intenta ser silenciado con sensaciones placenteras. En realidad, las adicciones son mucho más comunes y menos evidentes de lo que creemos. Asociamos la palabra «adicción» con conductas muy extremas y continuadas, pero no siempre es así. Detrás de comportamientos muy normalizados a nivel social (beber alcohol, ver pornografía o mirar el móvil, por ejemplo), se esconden adicciones sin tratar que pueden tener consecuencias a distintos niveles.

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Eckhart Tolle dice al respecto: «Toda adicción surge de una negativa inconsciente a enfrentar el dolor y salir de él. Toda adicción comienza y acaba con dolor. No importa a qué sustancia seas adicto: alcohol, comida, drogas legales o ilegales o una persona. Estás usando algo o a alguien para ocultar el dolor».

 


DE LO EXTERNO A LO INTERNO


Cuando los medios y las marcas nos dicen que podemos comprar la felicidad con dinero, lo que hacen en realidad es condicionarnos a buscar el placer que quieren que asociemos a sus productos. De hecho, la estrategia psicológica que se utiliza en publicidad está basada en un tipo de aprendizaje asociativo llamado condicionamiento clásico.

La confusión entre bienestar y placer es la responsable de que nuestra cultura nos incite a la búsqueda de una supuesta felicidad tan forzada como superficial. que nos convierte en dependientes de lo externo. La búsqueda de placer es buena y saludable siempre que no sea excesiva, se convierta en un objetivo vital o en un escape del dolor.

El placer es positivo siempre que no sea una huida del dolor o se convierta en un objetivo vital.

En el proceso de buscar el mayor placer posible el máximo tiempo posible, nos hemos vuelto más infelices. La solución parece pasar por encontrar formas equilibradas de conseguir placer, que no silencien las emociones de los asuntos que necesitamos resolver. Ocupémonos de buscar algo más profundo, interno y duradero. Algo que puede compartirse y que se parece más al agradecimiento, la aceptación y la paz interna.



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