Querer no siempre es poder

¿Querer es poder?

Vivimos en la era del esfuerzo, el éxito, la competitividad y los objetivos; del positivismo, la motivación y la felicidad obligada. Por todas partes nos llega el mensaje de que si nos lo proponemos, podemos conseguir cualquer cosa: “si quieres, puedes”. Pero tenemos malas noticias: querer no siempre es poder.

Querer es el primer paso para conseguir algo, pero no siempre es suficiente. Es importante aprender qué podemos conseguir a partir de nuestras acciones y qué cosas, por mucho que queramos, no podremos alcanzar desde la motivación, el deseo o el esfuerzo.

 


CUANDO QUIERO Y NO PUEDO


La cultura del “querer es poder”, hija en algunos aspectos de un Coaching superficial o mal entendido, algunas corrientes pseudoterapéuticas o “gurús de la felicidad”, nos puede llevar a realizar esfuerzos excesivos o intentar cambiar cosas que se encuentran fuera de nuestra responsabilidad. Así como el concepto puede ser de utilidad en personas poco constantes, con dificultades para pasar a la acción o con baja motivación, supone un verdadero problema para las que son exigentes, perfeccionistas, orgullosas o tienen la creencia de que todo se consigue a través del esfuerzo.

Por otro lado, hay enfoques que afirman que desear algo, proyectarlo o “pedirlo al universo” es suficiente para que se presente por sí solo. No hace falta ahondar mucho para darnos cuenta de que hace falta algo más que el “querer” para alcanzar nuestros objetivos.

Algunas de las principales circunstancias en las que el “querer es poder” no funciona:

 

1. Cambiar a los demás

Por mucho que nos esforcemos, no podemos (ni deberíamos intentarlo) cambiar a nadie más que a nosotros mismos. Y aunque sabemos muy bien la teoría, en la práctica la olvidamos demasiado a menudo e intentamos cambiar a parejas, amigos y familiares, a veces en nuestro propio beneficio, a veces creyendo que es por el suyo.

Lo único que podemos cambiar de los demás es nuestra manera de verles

En cierta manera, a través de nuestras actitudes sí podemos influir en los demás, también pedir o llegar a acuerdos, pero es importante aprender a distinguir la propia responsabilidad de la de otros. Lo único que podemos cambiar de los demás es nuestra manera de verles y de relacionarnos con ellos..responsabilidad, bcn gestalt, gestalt, querer es poder

2. Lo que no depende de mí

Por mucho que quiera, no podré hacer que me toque la lotería, ser más alto o que haga buen tiempo. Estos ejemplos tan obvios nos sirven para ilustrar otros que pueden no serlo tanto: algunas cosas, sencillamente se encuentran fuera de nuestra voluntad o radio de acción. Otras veces nos corresponde parte de la responsabilidad, pero no toda. No somos seres omnipotentes y debemos aceptar que el esfuerzo o el deseo pueden ser en vano cuando el azar, las decisiones de los demás o las circunstancias no son favorables.

3. Estar siempre bien

El club del “querer es poder” presupone que con la voluntad y la motivación suficientes conseguiremos estar siempre positivos y ser felices… pero no.

A veces está bien estar mal

Estar siempre bien no sólo es imposible, sino que además no es normal ni saludable. A veces está bien estar mal, porque el dolor es un estado inseparable de la experiencia de vivir, natural y necesario en muchos sentidos. Debemos abandonar el imposible e insano objetivo de sentir sólo emociones agradables.

 

4. Algunas cosas de mí

Todos tenemos tendencias poco sanas, un ego que nos empuja hacia pensamientos, emociones y conductas perjudiciales. Si bien podemos transformar aspectos de nuestra forma de ser, existen algunos límites: hay algunas cosas que podremos trabajarnos, aceptar y aprender a gestionar, pero por mucho que queramos no podremos hacer un cambio de 180 grados.

egoismo bueno, bcn gestalt, terapia, gestalt barcelona, terapia en barcelona, coaching,Por ejemplo: una persona muy dominante y rabiosa no se transformará en alguien muy sumiso y dócil, igual que una persona tímida en exceso difícilmente se convertirá en “el alma de las fiestas”.

Cuando desde la premisa del “querer es poder” tratamos de conseguir cosas que quedan fuera de nuestras posibilidades, el resultado de ese esfuerzo imposible sólo será frustración y agotamiento. También puede tener efectos negativos sobre nuestra confianza y autoestima e incluso derivar en ansiedad o depresión.


CUANDO QUIERO Y PUEDO


Si no perdemos de vista los puntos en los que no sirve el “querer es poder”, podemos conseguir muchos objetivos a partir de nuestro deseo, compromiso y acción.

En realidad disponemos de muchas más posibilidades de elección de las que creemos. A través del autoconocimiento y un trabajo personal serio, podemos conducir nuestras vidas más de lo que somos conscientes. Para ello es necesario conocernos en profundidad para poder detectar nuestras “zonas desconocidas” en las que se encuentran conductas automáticas, emociones no gestionadas o creencias que nos limitan. Cuando podemos trabajar en ellas, somos capaces de aprender actitudes más sanas y ver las cosas de forma distinta a la habitual.

La aceptación (que no resignación) es una actitud imprescindible en este proceso: aceptarnos con nuestras luces y sombras, aceptar nuestros límites, aceptar que hay cosas que escapan a nuestro control, aceptar la realidad… quizás no puedo elegir tener o no una enfermedad, pero desde su aceptación sí puedo ver qué actitudes y acciones serán más saludables para vivirla lo mejor posible.

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Cuando necesitamos cambiar aspectos propios, más que pretender que cambien radicalmente, a veces el camino pasa por aprender a gestionarlos, ver de dónde vienen y minimizar sus efectos negativos. Usando los ejemplos del punto anterior: la persona extremadamente tímida puede trabajarse para ganar confianza en sí misma, interactuar de forma cómoda y disfrutar de ello sin pretender llegar a ser el “alma de la fiesta”. La persona dominante y rabiosa puede ver cuál es el origen de su actitud, trabajar sus emociones y construir una vida más relajada y respetuosa con los demás.

 


CUANDO PUEDO PERO NO QUIERO


Algunas personas se resignan a vivir “a medias” o se adaptan a situaciones perjudiciales cuando podrían hacer muchas cosas por sí mismas y su bienestar. Cuando no hay “quiero”, nunca llega el “puedo”, y mucho menos las acciones necesarias para producir cambios.

Cuando no hay “quiero”, nunca llega el “puedo”, y mucho menos las acciones necesarias para producir cambios 

Por el contrario, hay personas en lucha contra el mundo, en esfuerzo constante por cambiar todo aquello que no les gusta, beneficia o creen que no es correcto. Por nuestra consulta de terapia pasan muchas personas en incansable lucha contra la realidad de sus vidas, con cosas que se niegan a aceptar a pesar de que no pueden hacer nada al respecto. No hace falta decir que estos “luchadores compulsivos” acaban agotados, llenos de frustración y rabia. La lucha contra lo que no se puede cambiar, es una vía directa al sufrimiento.

Incluso a veces, “rendirse” es la mejor opción cuando el camino sólo lleva al agotamiento y la rabia. Por mucho que sea una batalla justa o, incluso, posible de “ganar”, es imprescindible valorar su coste: ¿vale realmente la pena? ¿qué precio emocional, físico y psicológico estoy pagando por ella?. Distinguir cuándo a pesar de “poder”, no vale la pena “querer”, es tan importante como saber en qué luchas sí debemos involucrarnos.

No todo llega a través del esfuerzo. Algunas cosas (y muy importantes) sólo aparecen desde una actitud fluida y relajada, el dejarse estar, desde el encontrar y no tanto el buscar desde la exigencia, el orgullo o la tozudez.

En cualquier caso, nuestro poder siempre reside en la elección de cómo enfrentamos lo que nos toca vivir. Poner objetivos alcanzables, pasar a la acción con conciencia, conocernos bien y buscar la coherencia entre el sentir, el pensar y el hacer serán las claves para dejar de luchar contra lo que no podemos cambiar y responsabilizarnos de lo que sí nos corresponde.





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