(Debemos advertir que este artículo contiene algunos spoilers; resulta imposible analizar esta historia sin desvelar parte de su trama).
Aunque algunas personas la consideran excesivamente efectista, Un monstruo viene a verme demuestra una gran profundidad psicológica al abordar temas universales con los que todos nos enfrentamos en algún momento de la vida: la culpa, las relaciones humanas, la aceptación, el proceso de duelo y la gestión de las emociones.
El último trabajo de J. A. Bayona y su monstruo terapeuta, incansable buscador de la verdad, nos ha parecido una magnífica oportunidad para reflexionar, a través de algunas de sus frases y escenas, sobre distintos aspectos psicológicos de la película desde nuestra mirada como profesionales de la terapia Gestalt.
A pesar de tener solo 13 años, Conor O’Malley debe enfrentarse a duras pruebas vitales. El cáncer de su madre, unido a la ausencia de su padre y al acoso escolar que sufre, despiertan en él emociones muy intensas, contradictorias y difíciles de gestionar.
Un día, Conor recibe la visita de un enorme árbol que le contará tres historias a cambio de que el niño le revele una cuarta: su mayor pesadilla y, al mismo tiempo, aquello que el monstruo denomina “la verdad”.
A través de estos relatos y del vínculo que ambos construyen, el árbol ayudará a Conor a comprender y gestionar sus emociones de una manera más sana, así como a aceptar las difíciles circunstancias que le ha tocado vivir.
UN MONSTRUO TERAPEUTA VIENE A VERME
El personaje del árbol es una clara figura terapéutica que acompaña y ayuda a Conor en su proceso de duelo. Igual que un profesional de la psicoterapia, el árbol le ayuda a aceptar, expresar, tomar conciencia y despenalizar las intensas emociones que le generan las situaciones que está viviendo.
«No vine a curar a tu madre, vine a curarte a ti»
Otra lectura que puede hacerse del personaje del árbol es que representa una parte del propio Conor: la verdad de sus pensamientos, emociones y acciones. Esa parte interna capaz de sostener, atravesar y dar sentido a todo lo que le sucede. Sin embargo, también debemos señalar que resulta casi imposible que un niño de su edad pueda realizar por sí solo una tarea tan compleja, algo que, de hecho, ya supone una gran dificultad para la mayoría de las personas adultas.

Muchas veces la vida nos encuentra con pocos recursos para gestionar aquello que nos sucede. En ocasiones, por juventud, como le ocurre a Conor; otras, simplemente porque no disponemos de las herramientas necesarias para hacerlo, independientemente de la edad que tengamos.
Todos contamos con un instinto de supervivencia que, en momentos de crisis, nos empuja a dar, dentro de nuestras posibilidades, la mejor respuesta que sabemos ofrecer. Sin embargo, aunque esa primera reacción defensiva pueda ayudarnos a sobrevivir, seguir adelante o aliviar aparentemente el dolor, no siempre resulta la opción más saludable y puede acabar teniendo consecuencias para nosotros.
Esconder, reprimir o minimizar lo que sentimos, aparentar fortaleza constantemente o no pedir ayuda cuando la necesitamos son algunos de los mecanismos menos sanos a los que, como Conor, solemos recurrir con frecuencia.
EXPRESAR LAS EMOCIONES
En la película, Conor reprime constantemente sus emociones y, aunque esa sea la mejor respuesta que puede dar en ese momento, esta actitud acaba perjudicándole a muchos niveles. El monstruo le enseña a expresar lo que siente y le otorga el permiso que el niño no es capaz de darse a sí mismo para que, por fin, pueda aceptar sus emociones, transitarlas y, finalmente, liberarlas.
En algunos momentos, el monstruo representa precisamente esa parte oculta de Conor que tanto necesita ser vista y aceptada: una parte llena de rabia, frustración y miedo que él mismo intenta negar y esconder.
«Lo que callamos nos puede llegar a matar»
Gracias al acompañamiento del árbol, Conor consigue por fin descargar toda la rabia que lleva tanto tiempo reprimiendo. Quizá el lugar y la manera en que lo hace no sean las opciones más adecuadas, pero resulta comprensible que, encontrándose al límite de sus recursos emocionales, actúe del único modo que siente posible en ese momento.

ACEPTACIÓN Y VERDAD
Esta película en realidad es una historia de aceptación. Como dice una de sus frases, muchas veces nos mentimos a nosotros mismos por no querer o no ser capaces de aceptar algo que nos duele:
«A veces la gente necesita mentirse a sí misma más que ninguna otra cosa»
Como Conor, a veces nos empeñamos en ignorar o esconder nuestras emociones por miedo a ser juzgados o por sentirnos vulnerables o «malos». Otras, nos esforzamos en luchar contra situaciones que no podemos cambiar y nos perdemos en esa inútil y agotadora batalla. También como Conor, ocultamos y rechazamos aquellas partes de nosotros que menos aceptamos… y todo eso, inevitablemente, nos lleva al sufrimiento.
En la película se hace evidente que es después de reconocer y dar espacio a sus emociones cuando Conor comienza, poco a poco, a poder aceptar la enfermedad de su madre. A menudo, la aceptación de una situación dolorosa no aparece de manera inmediata, sino que suele ser un proceso que pasa por tomar conciencia de lo que sentimos, poder expresarlo y encontrar alguna forma de aliviarlo o compartirlo.
Cuando intentamos alejarnos de aquello que nos duele o desconectarnos de nuestras emociones, es posible que el malestar no desaparezca realmente, sino que quede de algún modo pendiente. Por eso, conectar con lo que sentimos, aunque resulte difícil, nos ayuda a integrar lo vivido.
EMOCIONES Y AMBIVALENCIA
Las personas somos complejas, las emociones son complejas y la realidad es compleja y, a veces, injusta. Las cosas no son blancas o negras, buenas o malas.
«No siempre hay un bueno. Ni siempre hay un malo.
Casi todo el mundo está en algún punto intermedio»
Ése es el mensaje que el monstruo da a Conor antes de que el niño revele «su gran verdad» en la cuarta historia. Los cuentos que le explica, en los que no hay personajes claramente buenos o malos, poco a poco van preparando a Conor para enfrentarse a esa dualidad, a sus emociones contradictorias y a los pensamientos que le provocan una gran culpa.
Cuando por fin llega el momento de enfrentarse a «la verdad», Conor revela que «quería que todo acabara«, que una parte de él deseaba la muerte de su madre. El árbol despenaliza ese pensamiento para que el niño pueda aceptar que es una reacción natural fruto del profundo dolor que siente:
«Tu vida no la escribes con palabras, la escribes con acciones.
Lo que piensas no es importante»
Es natural que una parte de nosotros desee «que todo acabe» y quiera descansar del dolor de una situación semejante. Ser sinceros con nosotros mismos, expresar esa parte que censuramos y aceptar que es un pensamiento surgido de nuestro instinto de supervivencia, nos permitirá liberarnos de él y no dejar que se enquiste.
CULPA Y CASTIGO
Para soportar la culpa, para expiar su terrible secreto, Conor quiere ser castigado. Tan terrible es la culpa que siente, que busca su castigo en todas partes: cada vez que se porta mal, pregunta si le van a castigar, a lo que le suelen responder «¿para qué serviría?». La respuesta interna de Conor posiblemente sería «¡para aliviar mi culpa!«. Por eso, en realidad es él quien acosa a su agresor mirándolo fijamente, buscando sus golpes.
El matón del colegio es el ejecutor del castigo que Conor cree merecer, y por eso, cuando el niño se niega a seguir pegándole, Conor entra en cólera.

Cuando nos sentimos culpables, a veces tendemos a proyectar esa culpa hacia fuera, buscando responsabilizar a otras personas de lo que sentimos.
Otras veces, como le ocurre a Conor, buscamos de manera inconsciente el castigo que creemos merecer, ya sea castigándonos a nosotros mismos o provocando situaciones en las que otros acaben haciéndonos daño o rechazándonos. Por ejemplo, algunas personas, sintiéndose culpables, pueden acabar alejando a quienes las quieren mediante actitudes agresivas, frías o impulsivas, generando así conflictos o rechazo que refuerzan la idea de que “merecen” sufrir.
LA IMPORTANCIA DE SOLTAR
Reconocer que en la pesadilla que lo martiriza noche tras noche, en realidad Conor «suelta» a su madre para dejar que caiga al abismo, es una metáfora de que por fin acepta lo que está sucediendo. Cuando la suelta, finalmente puede descansar en la realidad de que su madre tiene que marcharse y él no puede hacer nada al respecto más que estar a su lado.
En una de las escenas finales, el monstruo invita al niño a decirle a su madre la «verdad más sencilla», que no es otra que «no quiero que te vayas».
Esta historia da para analizar y profundizar en muchos más temas, pero para terminar el artículo nos quedamos con esta otra frase de «Un monstruo viene a verme» que de alguna manera, creemos que lo resume casi todo:
«Si dices la verdad, podrás enfrentarte a todo lo que venga»
Nos atrevemos a proponer una pequeña revisión de esta potente frase:
«Si, (cuando te sea posible verla), TE dices la verdad (a ti misma y también, cuando sea adecuado, a los demás)… podrás enfrentarte a todo lo que venga»
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- La web de psicología Psicopedia ha publicado un extracto de nuestro artículo, puedes verlo verlo aquí.
– * aunque usemos esta historia como un ejemplo de acompañamiento terapéutico, no debemos olvidar que se trata de una película y por lo tanto, no todas las actitudes y devoluciones se darían tal cual en un espacio de terapia real
– todas las imágenes pertenecen a Universal Pictures
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