Testimonio Inés

“Antes pensaba que la terapia era para los que tienen problemas. Como yo no tenía ningún problema “serio” siempre pensé que no era para mí. Vamos, ni me lo planteé. Un día hablando con una buena amiga me contó que ella hacía terapia Gestalt. Me contó cómo le estaba yendo y me lo recomendó. A mí me pareció genial para ella pero no lo veía como algo para mí. Sencillamente no me veía tan mal como para tener que ir a terapia.

Pasaron unos años y me fueron pasando cosas (estrés, un despido improcedente, meses en el paro, un nuevo trabajo muy poco motivador, enfermedades varias…). Gracias a esta amiga empecé a observar que parecía haber una relación clara entre mis fases de alto estrés y mis enfermedades. Eso me hizo reflexionar.

Finalmente tras una operación de apendicitis con complicaciones (que resultó en 15 días hospitalizada y 2 largos meses de recuperación) me di cuenta de que algo tenía que cambiar. Yo tenía que cambiar. No podía tomarme las cosas tan a pecho. No podía seguir esta vida tan intensa, con tanto estrés. Necesitaba aprender a vivir la vida con más calma.

Así que le pedí el contacto a mi amiga y llamé a Sergi. De hecho me puse en contacto desde el hospital. Antes incluso de empezar le pedí que me recomendara algún libro sobre Gestalt para entender un poco más de qué iba este tipo de terapia. En enero de 2015 empezamos a trabajar. Yo iba con la mente muy abierta y con muchas ganas de aprender. Y la verdad es que con Sergi hubo una química instantánea. Él supo ver rápidamente cuáles eran mis “problemas” (o neuras, cómo él las llama) y con su “saber hacer” pausado y cargado de humor empezamos a vernos una vez por semana para trabajar.

No os engañéis. No es fácil. Es un compromiso importante con uno mismo ir cada semana a hurgar en nuestros miedos, nuestros prejuicios, nuestras emociones…Además yo iba los viernes por la tarde. ¿Os imagináis? Mis amigos se iban de cañas y yo me iba a llorar, a gritar y, en definitiva, a vaciar mis emociones. Pero ese sacrificio valía la pena porque la terapia me sentaba muy bien. Mi pareja y mis amigos en seguida empezaron a notarlo. Y lo más importante, yo lo noté desde la primera sesión.

Desde la primera sesión fui aprendiendo cosas que me ayudaron muchísimo en mi vida diaria. Cosas importantes como el ser capaz de decir que no y, por tanto, empezar a hacer lo que realmente quiero. La alternativa era lo que llevaba mucho tiempo haciendo, es decir, viviendo mi vida según lo que se espera de mí, según lo acordado por la sociedad.

Me sentía liberada. Ahora podía hacer cosas tan sencillas como pasar una tarde sin hacer nada o incluso respirar (pero respirar de verdad). Parece sencillo pero antes no me lo permitía. Todo era una carrera por conseguir los objetivos marcados tanto en el nivel profesional como personal.

Así aprendí a no ser tan exigente conmigo misma ni con los demás. A entregar de forma generosa sin esperar nada a cambio. Esto hizo maravillas en mi relación de pareja (que si ya era buena, ahora es incluso mejor).

Mis sesiones con Sergi me han ayudado a liberarme, a aprender a escuchar mi cuerpo, a gestionar mis emociones mucho mejor que antes…E incluso descubrí cual es mi verdadera pasión, el baile. Siempre había bailado, desde los 18 años, como hobby pero nunca me había planteado el baile como profesión. Mis neuras me decían: “Empezaste demasiado tarde”, “Eres demasiado alta, demasiado grande, demasiado mayor…”. Todo esto es cierto, sobre todo si mi objetivo fuera que me contrataran en una compañía como la Royal Ballet. Pero es que yo no necesito trabajar en la Royal para ser feliz. Con poder bailar cada día y recibir dinero a cambio me siento infinitamente realizada. Así que ni corta ni perezosa, a los pocos meses de empezar la terapia empecé a organizar talleres de sevillanas como profesora. Algunos fueron mejor, otros peor pero seguí montándolos. De repente me surgió la posibilidad de trabajar como profesora de cabaret en un centro cívico. Tenía tantas ganas que creo que mis alumnas lo notaron y siguieron conmigo, repitiendo, trimestre tras trimestre. Estaban encantadas y yo más.

Ahora me despido de Sergi porque la vida me lleva a Málaga a empezar una nueva etapa de mi vida. Estoy segura de que seguiré con la terapia Gestalt y, dentro de lo posible, con Sergi porque gracias a él y a mi esfuerzo he conseguido cambiar mi vida. Miro hacia atrás y veo cómo estaba hace un par de años y al compararlo con cómo me siento ahora me siento orgullosa de nuestro trabajo juntos y sobre todo…¡Feliz! ¡GRACIAS, SERGI!”

Inés, Málaga