7 cosas que debes dejar de decir a tus hijos

Nuestrxs hijxs heredan de nosotrxs algo más que el color de ojos o la sonrisa: también heredan nuestros miedos, creencias, prejuicios, reacciones y actitudes menos sanas. Al nacer reciben un pack en el que va todo incluido: lo bueno y lo malo, lo mejor y lo peor, lo sano y lo neurótico.

Más allá de las responsabilidades más evidentes que recaen sobre lxs padres (bienestar, salud, seguridad, educación), hay otras más sutiles e igual de importantes de las que muchas veces no somos tan conscientes: como padres y madres somos también sus principales referentes emocionales, de comportamiento y actitudes ante la vida, por lo que una simple frase dicha sin demasiada atención puede tener más peso del que creemos: “No te subas ahí que te vas a caer”, “quietecita estás más mona”, “ya no te quiero”, “hasta una niña saltaría desde ahí”…

Como hijxs, nosotrxs también hemos heredado y vivido todo ese contenido por parte de nuestrxs padres. Muchas veces perpetuamos el mismo estilo de educación, mantenemos las mismas actitudes o repetimos las mismas frases que nos dijeron a nosotrxs. Así, ciertas creencias, miedos y comportamientos se van transmitiendo de generación en generación.

Las represiones que sufrimos de niñxs son una carga que nos acompaña toda la vida

Algunas veces, lxs padres se rebelan al estilo de educación que recibieron y se sitúan en el extremo opuesto. En la época de nuestrxs abuelxs y bisabuelxs la tendencia era más bien estricta y autoritaria, lo que ha derivado en una generación de padres permisivos, demasiado protectores y con dificultades para poner límites. El término “padres helicóptero” ha surgido para definir a esos padres y madres que sobrevuelan a sus hijxs procurando que no les pase nada (probablemente como compensación a algunas carencias personales), aunque este tema merecería otro artículo más extenso.


LA IMPORTANCIA DEL MENSAJE


Lxs niñxs aprenden a adaptarse a las circunstancias y demandas de su entorno para obtener el reconocimiento, la atención, la aprobación y el amor de las personas de referencia. Cuando ven qué actitudes son aprobadas o rechazadas se adaptan a ellas para evitar ser castigadxs o provocar el enfado de sus padres. Por ello muchas veces acaban reprimiendo emociones, reacciones o actitudes perfectamente sanas y naturales para obtener reconocimiento o evitar problemas. Como padres debemos saber que las consecuencias de estas represiones les acompañarán a lo largo de su vida

La infancia y la adolescencia son períodos básicos de formación de la identidad, la personalidad y las emociones de cada persona, por lo que los problemas que aparecen en estos periodos deben ser tratados con la atención y el cuidado adecuados para evitar que tengan consecuencias negativas y repercutan a lo largo de la vida. En base a todo esto, debemos prestar mucha atención a cómo nos comunicamos con nuestros hijxs. Hoy nos centraremos en algunos mensajes verbales a evitar:


1. “NO TE ENFADES”


A la mayoría de nosotrxs nos han educado en la represión de la rabia, y eso es lo que hemos acabado transmitiendo a nuestrxs hijxs, a lxs que normalmente censuramos y reprimimos cuando muestran su enfado. Esta represión deriva de nuestras emociones no resueltas y de una mala imagen de la ira a nivel social. La rabia es una emoción natural, sana y necesaria que tiene una importante función y que necesita ser expresada. Su represión puede dar lugar a adultxs “ranas hervidas”, con dificultades para confrontar y poner límites, excesivamente sumisxs y adaptativos.

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Por otro lado si somos demasiado complacientes para evitar que nuestrxs hijos se enfaden, de adultos tendrán serios problemas para tolerar la frustración, pudiendo desarrollar dificultades emocionales más serias.

¿Qué hacer? No juzgar su emoción o las razones por las que se enfada. Acompañarle en su rabia o frustración y ofrecerle un espacio para poder descargarla: pegar a un cojín o gritar en él son buenas maneras de que se vacíe sin dañarse a sí mismx o a alguien más. Una vez más calmadx, podremos hablarle de manera tranquila. (Hace un tiempo dedicamos este artículo a los enfados y rabietas en la infancia)


2. “NO LLORES / NO PASA NADA”


“No hay para tanto”, “te pones muy fea cuando lloras”, “no ha sido nada”, “no estés triste”…  Si está alteradx, llorando o disgustadx, es que pasa algo. Cuando minimizamos su disgusto o su tristeza, lo que estamos haciendo es reprimir la expresión de sus emociones. El mensaje que recibe es que lo que le pasa no es importante, que sus emociones no tienen espacio, que está exagerando o que lo que siente debe reprimirse. Este mensaje por lo tanto, puede derivar en dificultades para manejar, contactar y expresar las propias emociones. También en baja autoestima, represión de sus necesidades o en una actitud de “no querer molestar” a lxs demás.

¿Qué hacer? Dejar que se exprese, escuchar, atender y acompañar en la emoción, sea cual sea. No pretender que siempre “esté bien” apartando las emociones menos agradables.


3. “ESTATE QUIETO/A” 


Lxs niñxs son movidxs, revoltosxs y vitales. Si les decimos frecuentemente que estén quietxs estamos dificultando su desarrollo físico y psicológico. El hecho de moverse, jugar y explorar no es un capricho sino una necesidad.

¿Qué hacer? Permitir que se muevan e interactúen con su entorno dentro de unas normas.


4. “ERES EL/LA MAYOR”


“Tienes que dar ejemplo a tus hermanos”, “no te enfades con él, ¿no ves que es pequeño?”, “déjale el cuento primero a tu hermana pequeña”… Aunque lxs hermanxs mayores tengan más capacidad de comprender o gestionar según qué situaciones, no debemos olvidar que siguen siendo niñxs. 

El mensaje que les enviamos con este tipo de comentarios es que el/la otrx es más importante, que no hay espacio para sus propias emociones o necesidades (por ej. enfadarse con su hermanx, tener un juguete el tiempo que quieran…). Los queremos convertir en pequeños adultos hiperresponsables y sumisos que “deben dar ejemplo” a costa de reprimirse.

¿Qué hacer? Evitar que todo gire alrededor del hermanx pequeñx. No exigirles responsabilidades excesivas, no obligarles a ceder siempre. Respetar sus necesidades y emociones al margen de su orden de nacimiento.


5. MENSAJES SEXISTAS


Rosa o azul, futbol o ballet, sensibilidad o valentía, princesa o superhéroe, belleza o inteligencia, coches o muñecas… Lo primero que le decimos a una niña es en referencia a su aspecto físico: “¡qué guapa eres! ¡qué vestido tan bonito…!” a un niño: “¿juegas a fútbol? ¿cuántas novias tienes?” Podríamos hacer una lista interminable de estereotipos de género que siguen vigentes y con mucha fuerza a nivel social.

Actualmente cargamos con las consecuencias de una educación y una sociedad tremendamente sexistas: las mujeres preocupadas por el físico y asumiendo roles cuidadores, sumisos o de servicio. Los hombres demostrando su “masculinidad”, con actitudes competitivas, de poder y reprimiendo sus emociones. “Corres como una niña”, “ese color no es para niños”, “mira qué princesa”, “los niños valientes no lloran”, “pareces un niño con esa ropa”… 

Estos clichés tienen una enorme influencia en el crecimiento de lxs más pequeñxs, no sólo en qué habilidades aprenden, sino también en la imagen sobre sí mismxs y en cómo se va a desarrollar su cerebro a partir de los estímulos que reciben.

En el siguiente vídeo de un experimento que realizó la BBC, podemos observar cómo estos clichés siguen fuertemente arraigados en nuestros subconscientes:

Muchos de estos estereotipos se han instalado en nuestras creencias y están tan normalizados que ni siquiera nos damos cuenta de ellos. Debemos educar a nuestrxs hijxs e hijas para garantizarles un desarrollo sano y libre, independientemente del sexo con el que han nacido. Una educación no sexista es aquella que no presupone roles, actitudes, cualidades o gustos por razón de sexo

¿Qué hacer? Estar atentxs a posibles modelos sexistas (lenguaje, roles, valores, etc…) que pueden estar vigentes en casa. No fomentar o inhibir actitudes según su sexo. No darle excesiva importancia al aspecto físico si es una niña, no reprimir las emociones en un niño. Observar los gustos y personalidad de cada uno independientemente de su sexo, aceptarlos y apoyarlos.


6. CHANTAJE EMOCIONAL


“Ya no te quiero”, “eres fea”, “si te portas así me pongo triste”. No se nos ocurre algo más perjudicial para el desarrollo de un/a niñx que usar el amor como moneda. El amor no se negocia, es muy importante no hacer creer a nuestrx hijx que nuestro cariño depende de cómo se comporta o las cosas que dice o hace. Un/a niñx tiene que sentirse querdidx por sí mismx, por cómo y quién es y no por ser más o menos obediente, quietx o cumplir las expectativas de sus padres.

¿Qué hacer? No enviar mensajes que puedan poner en duda el amor hacia ellxs. Cuidado, demostrar amor incondicional no quiere decir aprobar cualquier comportamiento: se pueden poner límites con firmeza pero siempre desde el cariño y no desde el rechazo o el chantaje emocional.

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7. “TEN CUIDADO”


Nuestros miedos son una sombra que se proyecta sobre nuestrxs hijxs: un padre con pocos medios económicos que teme que a su hijo le suceda lo mismo y le presiona excesivamente con sus estudios. Una madre con un aborto anterior que se preocupa en exceso por la salud de su siguiente hija. Un divorciado resentido que “previene” a sus hijos varones sobre “las mujeres”… Nuestros hijos interiorizarán nuestros miedos y los asumirán como propios. 

¿Qué hacer? Revisar nuestros miedos y responsabilizarnos de ellos. Como padres podemos ofrecerles nuestras experiencias vitales pero debemos estar atentos a lxs miedxs que les podemos estar inculcando. Darnos cuenta de que nuestrxs hijxs no son nosotrxs y de que nuestra vida no es ni será como la suya.


EL MEJOR REGALO PARA NUESTROS HIJOS 


Los mensajes poco sanos no siempre llegan de forma verbal. Como dice la expresión, “una imagen vale más que mil palabras”: de nada sirve tratar de inculcar una serie de valores o actitudes cuando sólo son palabras que no van acompañadas de ejemplo. No hablamos sólo de aspectos cotidianos como pueden ser los estudios o las responsabilidades en casa, sino también de actitudes y creencias a nivel profundo, (llamadas introyectosque a veces no llegan a expresarse nunca de manera directa, pero que calan muy hondo en el plano emocional y psicológico de nuestrxs hijxs.

Si quieres ser un buen maestro no enseñes lo que sabes, enseña lo que eres.
Tus hijos no harán lo que les dices, harán lo que te ven hacer. A. Jodorowsky

El mejor regalo que podemos ofrecer a nuestrxs hijxs es nuestro propio trabajo personal. Conocer y trabajar nuestros miedos, creencias y mecanismos menos sanos, nos ayudará a darles una educación más coherente, consciente y sana. Así podremos dejarles una mejor herencia emocional y psicológica y evitar que carguen con nuestros asuntos no resueltos.

Si tu hijx está atravesando alguna dificultad, podemos ayudarle a gestionar lo que le está afectando, acompañándolo/a de manera cercana y efectiva a resolver los problemas que están impidiendo su propio bienestar y el tuyo. Pídenos aquí una primera visita gratuita y sin compromiso. Más información en este enlace.

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