Lo nuestro no funcionó… ¡menos mal!

Dicen que el amor es ciego y en la primera fase de una relación, hasta cierto punto es así: hay muchas emociones en juego y todo lo positivo se sitúa en primer plano. Bajo la influencia de ese potente cóctel que forman la oxitocina y la dopamina (hormonas del enamoramiento), vemos en la otra persona las cualidades que nos gustaría que tuviera y proyectamos en ella nuestro deseo de que la relación funcione.

En esta etapa de enamoramiento, pues, no puede haber todavía una visión clara del/la otrx en todos sus aspectos y facetas. Hay mucha ilusión y poco conocimiento, mucha emoción y poca objetividad. El psicólogo Gestalt  Joan Garriga la define así:

“Me mueves mucho pero te veo poco”

Si la relación sigue adelante, en esa evolución se empieza a invertir la premisa anterior. Se conoce mejor al/la otrx y el movimiento emocional baja su intensidad. Es en este momento en el que podemos empezar a ser más objetivos y a descubrir la realidad de los encuentros y desencuentros con el/la otrx.

No obstante, hay cosas que no podemos ver de forma objetiva sino a través de la visión que nos ofrece el paso del tiempo. Aunque en ese momento no seamos capaces de darnos cuenta y la experiencia de la separación sea dolorosa, que una relación se termine muchas veces acaba resultando ser “una bendición”.

Hay personas que de alguna forma se quedan ancladas a la etapa de enamoramiento y a esa manera idealizada de ver a su pareja. No hablamos de la parte positiva y necesaria sino a su faceta negativa, en el sentido de aferrarse a esta idealización del/la otrx o de lo “maravilloso que habría sido” de haber seguido juntxs.

El deseo de que la pareja funcione, de ser queridxs, la ilusión y los sentimientos hacia el/la otrx pueden hacer que veamos cosas que no están ahí o que nos engañemos restándole importancia a lo que nos separa.


¡MENOS MAL!


Cuando nos encontramos en según qué situaciones, puede resultar muy complicado tener una perspectiva clara de todos los elementos que están en juego y de sus posibles consecuencias. Aunque el título del artículo de hoy pueda parecer una incitación al resentimiento, sólo le pone nombre a una visión más clara, madura y objetiva de que en realidad nos va mejor por separado.

A partir de las circunstancias y los aprendizajes que vamos viviendo, podemos ser más capaces de mirar atrás y darnos cuenta de cosas que antes no veíamos: objetivos distintos, características personales incompatibles o que no nos gustan, que en nuestra relación se despertaban actitudes poco sanas, que teníamos poco que ver… todo ello probablemente poco visible cuando nos encontrábamos en manos de Cupido.

mito pareja gestalt barcelonaSi he puesto ilusiones en lo nuestro, te he idealizado, me has dejado tú, o si por ejemplo, estoy actuando sin saberlo a través de alguna creencia o mecanismo emocional oculto, me va a resultar casi imposible darme cuenta de que nos habría ido mal. 

Son necesarias una visión de conjunto, una conciencia personal distinta y una perspectiva menos implicada emocionalmente, que, junto con el paso de cierto tiempo, nos ayude a tomar conciencia de que lo nuestro no me iba a hacer feliz.

Muchas personas que son capaces de alcanzar esta nueva perspectiva de la relación ya finalizada acaban preguntándose: ¿qué hacía yo ahí?

El modelo de amor romántico y las falsas creencias  que existen sobre las relaciones de pareja también pueden ayudar a no tomar conciencia de la incompatibilidad entre ambos. El amor, aunque primordial, por sí solo no es suficiente. Hacen falta otros elementos para que una relación sea feliz, duradera y sólida, como por ejemplo tener una visión del mundo similar, buena comunicación, confianza, que los objetivos y proyectos de ambxs sean compatibles, una relación equilibrada…

No obstante, es importante aclarar que el hecho de que una pareja permanezca junta no necesariamente significa que su relación sea satisfactoria. Hay parejas que se separan queriéndose mucho más o teniendo una relación mejor que algunas que se mantienen juntas. Hay personas que permanecen en una pareja poco feliz por una idea del compromiso mal entendida, por sentirse en deuda, por miedo a estar solxs, por dependencia, por creer que no encontrarán nada mejor… la lista de razones es muy larga.


EL TRABAJO PERSONAL EN LA PAREJA


En la relación de pareja se pone en juego lo positivo y lo negativo, lo mejor y lo peor de cada unx. Nuestro viejo amigo el ego se une a la fiesta y juega un papel primordial: cada miembro aporta lo mejor de sí pero también su parte menos sana con todo lo que ello representa. Tu neura y la mía se encuentran cara a cara.

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Cuando no nos conocemos en profundidad, desconocemos cómo es nuestro ego. Así, nuestra parte neurótica está campando a sus anchas, poniendo en marcha defensas, necesidades, reacciones, creencias, emociones y respuestas inconscientes y poco sanas para mí y para ambxs. De ahí que podamos acabar atrapados en patrones de relación que están funcionando sin saberlo desde nuestra infancia. Por citar algunos:

– Búsqueda de mamá/papá: la elección de personas que de alguna manera recuerdan a la propia madre o padre. También se puede dar en el sentido de buscar un tipo de relación dependiente parecido al de madre-hijx que se establece de forma natural en la infancia.

– Búsqueda de reconocimiento: cuando se proyecta en la pareja la necesidad de validación que no se colmó en la infancia. El reconocimiento de la otra persona viene a suplir una carencia, de manera que se convierte en una figura materna/paterna “suplente” a través de la que obtener el reconocimiento que no se sintió entonces. Vendría a ser algo así: “si él/ella me elije, me quiere y me reconoce, por fin me sentiré validadx y queridx por papá/mamá, por fin seré dignx de ser amadx”. 

– Búsqueda en la otra persona de elementos que faltaron en la infancia: estabilidad, seguridad, cariño, protección, incondicionalidad, contacto físico…

– Búsqueda de una relación similar: el tipo de pareja vista entre los padres crea un modelo que marca las relaciones posteriores. Por ejemplo, si hubo frialdad, desigualdades, celos, etc… es posible que lxs hijxs normalicen estas conductas e inconscientemente busquen personas con las que repetir ese patrón. Es frecuente que hijas de relaciones en las que la madre se recibe un trato despreciativo, controlador, machista o desigual acaben con parejas que reproduzcan ese modelo. También se puede dar en el sentido contrario, o sea en una huida de lo vivido en casa.

– Búsqueda de cualidades que “no tengo”: una persona insegura, por ejemplo, puede buscar a alguien que le “proporcione” la  seguridad que cree necesitar.

Podemos permanecer ciegxs ante actitudes como las anteriores y pensar, por ejemplo, que “todxs son iguales” o que “tenemos mala suerte” porque nuestra historia parece repetirse una y otra vezcuando en realidad nosotrxs somos lxs únicxs responsables de nuestras elecciones y comportamientos.

Si me conozco en profundidad podré darme cuenta de mi manera real de actuar, sentir, comunicarme, escoger compañerx o relacionarme en pareja. Después de un proceso terapéutico o de autoconocimiento profundo, las relaciones anteriores se pueden ver desde otra perspectiva muy distinta: por fin puedo tomar conciencia de qué condicionantes entonces invisibles influían en mi elección de pareja y en mi manera de relacionarme con ella. A partir de ahí, se abren nuevas posibilidades y difícilmente volveré a caer en los mismos patrones de relación de siempre.

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Más que un reproche hacia mis ex-parejas o hacia mí mismx, este “menos mal” es más bien una toma de conciencia, un agradecimiento por lo aprendido, compartido y vivido. También a un reconocimiento del momento presente, de mi vida ahora y de las nuevas oportunidades que han llegado a partir de esa ruptura.

“En aquel momento las circunstancias eran otras, necesitaba esa experiencia, yo era distintx… ahora me doy cuenta de que nos va mejor así”



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