Generosidad, el antídoto a la avaricia

Generosidad, el antídoto a la avaricia

El Eneagrama, del que realizamos un pequeña introducción en este otro artículo, es una técnica utilizada por profesionales de la psicoterapia en todo el mundo que clasifica la personalidad en nueve carácteres llamados Eneatipos. Las nueve divisiones se realizan a partir de actitudes, pautas infantiles y heridas emocionales que construyen la parte menos sana de nuestra personalidad y que acaban ocultando algunos de los recursos que todos tenemos. Detrás de cada una de estas nueve actitudes neuróticas, en contrapartida, se encuentran nueve virtudes concretas que, si las trabajamos, nos ayudarán a  restablecer nuestro equilibrio.

Resulta interesante analizar algunas de estas virtudes, estas actitudes positivas que el Eneagrama señala como “antídoto” a los comportamientos que nos alejan del equilibrio y bienestar personal. Puedes leer otra entrada al respecto en este enlace, donde hablamos del coraje como actitud para vencer nuestros miedos.

En el artículo de hoy queremos hablar sobre el punto débil del eneatipo cinco y su virtud asociada: la avaricia y la generosidad.


 LA AVARICIA ROMPE EL SACO


La actitud que define principalmente al Eneatipo cinco es la avaricia. Pero no una avaricia entendida como egoísmo, como desear que todo sea para un@, sino más bien como la actitud de retener, de no dar.
Para el cinco dar significa perder. Como siente que tiene poco, cree que si da lo poco que posee se va a quedar sin nada.  Ese “no dar” puede manifestarse de muchas maneras, pero su forma principal es la de no entregarse del todo a los demás, retirándose emocionalmente ante cualquier contacto que considere demasiado expuesto o que le haga sentirse invadid@.

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“Eneatipo 5” de Ana Roldán 

Un cinco puede acumular tiempo, energía, dinero, conocimientos, disponibilidad emocional, espacio… todo para hacer acopio de “provisiones” y sentirse protegido@ y “preparad@ para cualquier contingencia”. Aunque es sensible, huye de lo emotivo para refugiarse en su mundo intelectual (teorías, libros, conocimientos, ideas…)
Distante, cerebral, diplomátic@, solitari@, con poca energía y a veces frí@, tiene dificultades para pasar a la acción y para conectar en profundidad con los demás.

Erich Fromm describe la avaricia como “un pozo sin fondo que agota a la persona en un esfuerzo interminable de satisfacer su necesidad sin alcanzar nunca la satisfacción”. Como dice Fromm, la actitud avariciosa nunca sacia. Esto es producto de la creencia de que lo que entrego nunca volverá, pero sobre todo el problema radica en la incapacidad de proveerme a mí mism@ de aquello que entrego a l@s demás.

La generosidad está relacionada directamente con el desapego, con el saber dejar. Como hemos visto en la descripción del eneatipo cinco, la avaricia nos hace creer que aquello que damos no lo tendremos para nosotros mismos, que nadie nos devolverá lo que hemos entregado.

Queremos aclarar que nos referimos a una actitud, y que ésta puede ser consciente o inconsciente. Aunque también podría aplicarse a lo material, sobre todo se pone de manifiesto en la entrega de un@ mism@ y a un nivel más profundo y emocional, por ejemplo en el momento de ofrecer amistad, amor, comunicación, confianza, tiempo, intimidad, etc… Se puede decir que el avaricioso es más bien un tacaño emocional.

-Ferran tiene una relación desde hace un año. Aunque se siente a gusto, sigue manteniendo bastante distancia emocional porque tiene miedo a sentirse invadido y llegar a ser dependiente de su pareja. 

-Begoña es una persona con poca energía y a la que le cuesta pasar a la acción. Cuando un amigo le propone ir al cine, ella rechaza la invitación porque cree que va a “gastar” las fuerzas que necesitará para hacer sus cosas.

-Mónica y Laia son amigas. Mónica comparte todas sus inquietudes y vivencias con su amiga. Laia quiere a Mónica, pero se mantiene reservada y nunca llega a abrirse completamente por miedo a quedar demasiado expuesta ante ella.

En estos tres ejemplos se aprecia una actitud de retención, de no entregar energía, emociones, compromiso, intimidad, confianza…

Esa falta de entrega siempre se produce por un miedo, más o menos consciente, a perder algo:

niña abrazando terapia gestalt barcelona– si Ferran trabaja su generosidad, podrá aceptar una mayor implicación emocional y verá que eso no le aleja de su autonomía ni le hace dependiente. Se dará cuenta tarde o temprano de que su miedo a “perderse” en la otra persona es sólo una fantasía.

-Si Begoña va al cine con su amigo, probablemente conseguirá movilizar más energía en esa actividad que quedándose en casa. Además hará algo distinto a lo de siempre al confiar en que tendrá energía para todo.

– Si Laia se entrega a la confianza y al compartir desde lo emocional con su amiga, alimentará la relación entre ambas y también la relación con ella misma…

El valor real del desapego es el acto de dar en sí mismo. Confiemos en que aquello que dejamos ir sin expectativas, nos volverá. Si esperamos una recompensa al dar, en ese momento nos cerramos a las miles de opciones que existen de que recibamos de manera distinta a la que imaginamos. Cuanto más abiertos estemos a dar, más lo estaremos también a recibir.

“La avaricia y la paz se excluyen mutuamente”

Erich Fromm

En el momento que entregamos algo, es habitual que nuestro ego quiera que se le “premie” o se le “felicite” porque busca un reconocimiento externo. El problema es que si damos para que nos reconozcan la entrega, el acto de dar deja de ser generoso y se convierte en mercantilismo: “yo te doy para que me agradezcas, para que me lo devuelvas o para que vean lo generos@ que soy”.

Si tu ego se activa en un acto que crees generoso y desinteresado, puede ser señal de que no estás preparad@ para dejar ir lo que estás tratando de ofrecer o que tengas algún tema pendiente de resolver. Por ejemplo, si buscas que los demás te agradezcan algo pero no eres capaz de agradecértelo antes a ti mism@, es señal de que algo falta.

Antes de entregar algo, antes de ofrecer amor, reconocimiento, confianza, intimidad, compromiso, etc… pregúntate si eres capaz de dártelo a ti mism@. Si no estás segur@, es señal de que tienes que empezar a ser más generos@ contigo. Te proponemos un pequeño ejercicio: realiza un acto generoso sin que nadie lo sepa, y después… agradécetelo a ti mism@!

  • Psicopedia, web referente en recursos de psicología, ha publicado un extracto de nuestro artículo. Puedes verlo en este enlace.


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